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NOSOTROS
Como coleccionista, me siento
especialmente atraído por las piezas de buen diseño
y factura artesanal. Puedo encontrarlas en la feria de Chichicastenango,
junto al lago Atitlán de Guatemala, en Ollantantaybo,
en las proximidades del Machu Pichu, en Tilcara o Purmamarca,
en la Quebrada de Humahuaca, en la frontera entre la Argentina
y Bolivia, o en los grandes centros urbanos, donde arquitectos
o diseñadores han logrado integrar diseños de
avanzada con tecnologías prehispánicas o coloniales,
o, a la inversa, diseños aborígenes con manufacturas
actuales.
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Me gustan las piezas con historia. Me
gusta encontrar la huella de quienes han fabricado esas piezas.
Recorro la América Hispánica buscándolas.
Suelen pasar meses en que no encuentro nada que me resulte
atractivo. Pero a veces, un tejido o una cerámica,
un bowl de cuero y plata, un cuenco de madera con astas de
toro, una caja de vinos de alpaca y cristal, coinciden exactamente
con lo que estoy buscando. Entonces siento una satisfacción
que, aunque repetida, sigue siendo única. Las compro.
Las disfruto. Escucho su historia. A veces pienso que no hay
razón para que yo sea el único que las disfruta.
Compro 3 o 4 piezas semejantes, o establezco un nexo con el
vendedor. Y las ofrezco en mi página.
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