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Allá por el año 1545, los incas quedaron deslumbrados al descubrir la infinita belleza de un cerro al que primero llamaron Orcko, o Cerro Hermoso, y luego Cerro Potosí: un cono casi perfecto de tonalidades rojizas, cuyos filones de plata llegaban a enceguecer a quienes lo contemplaban a la luz del sol...
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